Presentación del informe 2013 de QMedios

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Por Frida V. Rodelo

Palabras a propósito de la presentación de Medios de comunicación y derecho a la información en Jalisco 2013.

Se insiste mucho en que la libertad de expresión, la calidad en los medios y el derecho a la información son relevantes para la mejora de la democracia. No exclusivamente la democracia electoral, sino que más bien hablamos de mejorar la democracia con d mayúscula: la participativa; aquella en la que las personas participan activamente a través de mecanismos adicionales al voto.

Los aspectos señalados (libertad de expresión, la calidad en los medios y el derecho a la información) mejoran nuestra Democracia porque para que las personas participen requieren información independiente, oportuna, veraz: en resumen, necesitamos información de calidad.

El observatorio de medios del ITESO lleva camino andado en la formación de jóvenes comunicólogos y también de otras carreras interesados en el derecho a la información y en el análisis de los problemas relacionados con el ejercicio de este derecho en el contexto de Jalisco: problemas como las deficiencias en transparencia, la práctica del periodismo, la rendición de cuentas, la política de comunicación de los gobiernos locales.

Además de formar a jóvenes, este programa de aplicación profesional divulga información sobre estos temas al público en general.

Cuando me pidieron presentar Medios de comunicación y derecho a la información en Jalisco 2013, sexto informe del observatorio de medios del ITESO, respondí que para mí resultaba un honor: el informe es una referencia sobre el estado del derecho a la información, los medios y el periodismo en Jalisco. Para alguien como yo, interesada en los estudios de periodismo, es importante conocer cómo los comunicadores y las personas cercanas al gremio hablan sobre esta profesión.

Tiempo atrás había pasado tiempo indagando sobre el periodismo y los periodistas de la ciudad de Culiacán, Sinaloa. Hurgando en ejemplares de una revista llamada Presagio (un refugio de los viejos periodistas-cronistas de la vieja guardia), en periódicos de alcance local y nacional y en otras publicaciones y documentos oficiales conocí anécdotas y reflexiones de periodistas con las que ilustraban la cultura periodística local: lo que los periodistas piensan sobre el oficio; su concepción acerca de lo que es buen y mal periodismo; las prácticas que conforman el ejercicio cotidiano de su profesión; qué es lo que piensan sobre el estado de la libertad de expresión…

De manera similar, tanto para la preparación del capítulo que preparé para este volumen, como desde antes, en la elaboración de artículos de investigación previos que he realizado como parte de mis inquietudes en la investigación social, fue para mí valiosísimo el conocer ese metadiscurso sobre el derecho a la información, los medios de comunicación de masas, el estado del periodismo y de la libertad de expresión en Jalisco a través de los informes del observatorio de medios del ITESO.

Como en ediciones anteriores, a través de la presentación de una amplia variedad de voces y la obtención cuidadosa de datos podemos enterarnos de situaciones laborales de precariedad, abusos y violencia contra periodistas, del uso político de recursos públicos, entre otros fenómenos que merecen documentación y análisis, pues ocurren en nuestro entorno e influyen en la calidad de la información sobre asuntos de interés público.

Estudiantes, profesores y periodistas fueron convocados para tejer a través de datos cualitativos y cuantitativos análisis acerca de fenómenos interrelacionados. Análisis de contenido del tratamiento en el género de opinión y en los medios públicos; el bosquejo histórico del papel del defensor del lector en un periódico regional; testimonios sobre condiciones laborales de los periodistas tapatíos.

Para muestra, les platicaré acerca de un par de ejemplos de lo que podemos encontrar en este informe:

Mi primera viñeta es sobre el texto de la periodista Perla Blas, quien ya tiene tiempo documentando el tema de las condiciones laborales de los periodistas. Perla abre su texto hablándonos de que calcula aproximadamente 60 despidos de reporteros en Guadalajara durante 2013, muchos de estos, de acuerdo con las narrativas presentadas por la autora, sin causas justificadas: con hostigamiento e intimidación de abogados y con liquidaciones menores a las que según la ley corresponden. Esto se suma a los testimonios que refieren la precariedad laboral experimentada por los trabajadores de medios en la ciudad: mayor carga laboral, retrasos en pagos, ausencia de prestaciones, bajos salarios.

En el trabajo de Perla, periodistas informantes hablan: nos cuentan que tienen parte en la responsabilidad, “por permitirlo y no organizarnos” (p. 163). El periodista Sergio René de Dios, en otro testimonio citado, lamenta el que haya disminuido el reconocimiento de la sociedad a la profesión periodística (p. 158).

Algunas páginas atrás, en otro capítulo del informe, se especifica que en 72 % de los ataques contra la libertad de expresión de trabajadores de medios se señala a funcionarios públicos como perpetradores. Se trata de un estudio que identifica en fuentes hemerográficas la información sobre casos de este tipo ocurridos entre 1995 y 2013.

La cifra, 72 %, es mayor a la proporción de 59 % que la organización Artículo 19 presenta para el mismo rubro en el país durante 2013. Es especialmente importante que los funcionarios públicos, como agentes del Estado, respeten, promuevan, defiendan y garanticen los derechos humanos.

Evidentemente, al ser los principales señalados, incluso en comparación con la estadística para el país, no están cumpliendo estas funciones, las cuales se encuentran estipuladas en nuestra Constitución. Son las mismas obligaciones que hemos estado reclamando en las calles en estas semanas de crueles atentados contra jóvenes.

Como podemos ver, ambos ejemplos demuestran que este volumen logra un tejido, pues distintos capítulos del informe desarrollan dimensiones diferentes de un mismo fenómeno complejo.

Existe por lo menos una limitación en el trabajo que en conjunto hemos realizado. En ambos ejemplos es pertinente la pregunta: ¿y cómo son las cosas fuera de la zona metropolitana? ¿Cuáles son las condiciones laborales de los periodistas de las otras regiones? ¿Qué tanto pueden estos periodistas ejercer libremente su trabajo? ¿Cómo son en esos lugares la relación prensa-poder y los demás fenómenos que se han documentado para la capital del estado?

Parece que este es un tema pendiente.

Aún así, el informe de Q cumple con éxito varias funciones: propicia la realización de investigación, divulga resultados, educa e incentiva la reflexión y la discusión pública sobre el ejercicio de derechos.

Por estos motivos invito a todos a leer el informe. Felicito a todos los involucrados: estudiantes, profesores, periodistas y quienes han impulsado este esfuerzo en los últimos años.

Descargar informe

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