Amores caros

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Por Pedro Mellado

Publicado originalmente el 12 de enero de 2015 en el periódico Mural.

Entre las personas razonablemente bien informadas, que ejercen algún tipo de liderazgo en el País, sólo 21 de cada cien aprobaron la gestión de Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto durante 2014, según concluye la encuesta publicada por Mural/Grupo Reforma, el pasado lunes 1 de diciembre.

Entre los ciudadanos comunes, sólo 39 de cada 100 respaldaron al mandatario. Es decir, al cerrar su segundo año de gobierno, Peña Nieto está reprobado. La mayoría de los mexicanos percibe que ha hecho muy mal su trabajo.

Sin embargo, en contradicción con esa realidad, la Administración federal que en los primeros 10 meses del 2013 gastó 485 millones 600 mil pesos en propaganda difundida en los más diversos medios de comunicación, incrementó su gasto, en el mismo periodo de 2014, a mil 908 millones de pesos, según el reporte de la Ejecución de los Programas y las Campañas Gubernamentales.

El gobierno de Peña Nieto gastó durante ese periodo 6.3 millones de pesos diarios para tratar de mejorar su imagen en medios de comunicación, sin lograrlo. Dinero de los contribuyentes tirado a la basura, según desnudan datos publicados por nuestro periódico el pasado martes 6 de enero.

La ineficacia del gobierno para enfrentar la crisis derivada de la ejecución masiva de civiles atribuida al Ejército en Tlatlaya, Estado de México; la tardía y tibia reacción ante el secuestro y desaparición de 43 normalistas en Iguala, Guerrero, lo mismo que la insuficiente explicación sobre el escándalo de la “Casa Blanca”, en Las Lomas, Distrito Federal, adquirida por la esposa del presidente en condiciones sospechosas, impactaron también la imagen del partido de Peña Nieto.

Entre agosto y diciembre pasados el PRI perdió 10 puntos porcentuales en la aceptación de la gente. Su popularidad bajó de 40 a 30 por ciento, dice encuesta de Mural publicada el pasado miércoles 10 de diciembre.

En el informe “Comprando Complacencia” elaborado por expertos internacionales y el Centro de Investigación y Análisis Fundar, se advierte que el gasto propagandístico del Gobierno es una censura oficial indirecta, pues influye en la cobertura de noticias, para moldear el panorama mediático o las líneas editoriales de los medios, mediante una asignación sesgada y opaca de publicidad, así como subvenciones discrecionales.

El gobierno se ha esmerado por tener muchos medios de comunicación dúctiles, complacientes y aplaudidores, en detrimento del derecho de lectores y audiencias a recibir información veraz y de calidad.

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