De redes sociales e información II

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Columna Apuntes / Público – Milenio  Por Rubén Alonso (miembro de Amedi Jalisco) Una lectura reduccionista de lo ocurrido en Egipto en días pasados y que tuvo su culmen con la caída de Hosni Mubarak apunta a las redes sociales, Facebook y Twitter, así como a los mensajes vía celular. “Una revolución de las redes sociales”, dirían algunos con sorpresa y cierta alegría; otros con preocupación y hasta temor. El asunto ya pasó la etapa de intensidad mediática y en los próximos días no será primera nota de telediarios ni portada de periódicos. Entraremos a su comprensión, la cual sí marcará rutas a observar y elegir. Mientras estos sucede, observadores lúcidos nos dan algunas pistas: Cristián Warnken, destaca lo que ya ve como imprescindible en la comunicación (http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2011/02/03/estoy-en-el-cairo.asp); en tanto, Isaac Rosa, con “Las revoluciones todavía se ganan en la calle” (http://other-news.info/noticias/index.php?p=3784), refiere que los muertos en las revoluciones no son virtuales, sino están en la calle. Y de acá, lúcido e incisivo como lo caracteriza, Luis Miguel González, de El Economista, dirige su atención a los la condición de los jóvenes egipcios como factor dinamizador (http://eleconomista.com.mx/caja-fuerte/2011/02/01/egipto-no-economia-son-ninis). No ha faltado quien, acá, busque extrapolar y tropicalizar lo sucedido en Egipto. Los eventos del 1 de febrero en Guadalajara y el uso de redes sociales son una muestra de ello, pero tan fugaces como el clic y el twitt enviado. Se sobredimensiona el cerillo como factor de fuego, y en espera de un incendio, no se considera la inexistencia de otros elementos, uno de ellos clave: material flamable. En Egipto, el 30 por ciento de población con educación superior está desempleada y con acceso a redes sociales. Ese sí es terreno propicio para una revolución, para que con un twitt se active. El twitt como factor revolucionario y dinamizador de comunicación requiere pues de condiciones, y saberlo poner, para que pueda ser leído y así incida. A dos horas de la caída de Mubarak había tantos twitts en la red sobre Egipto que resultaba imposible leerlos (280 en promedio por segundo), más que por pequeñas redes temáticas. Claro, era el momento de la celebración. La virtud (fuerza) de Internet como sus redes es a su vez su talón de Aquiles: la rapidez, lo vertiginoso, lo intenso lo accesible. Cuando estamos por comprender su acción puntual, ya estamos en otro momento empachando a más de uno.

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