No lea periódicos

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Por Rubén Alonso

Publicado originalmente el 27 de febrero de 2017 en Milenio Jalisco.

A nadie le gusta ser observado de manera distinta a como uno se ve o aspira a que lo vean; menos aún que vean aquello que se quiere ocultar. Los medios de comunicación (empresarios de medios y periodistas), tampoco están ajenos a la observación pública por el servicio de interés público que ejercen, máxime cuando desempeñan una función sustantiva para una sociedad libre y democrática.

Sin embargo, hay una diferencia básica entre ser periodista y ejercer el servicio púbico. En el primero, se está ante un mandato público, sujeto a la fiscalización total sobre lo mandatado y para lo cual se ejerce la función; en el segundo, es una función social en un marco de mayor libertad que posibilita a la sociedad y sus miembros expresarse y fiscalizar para que rindan cuentas. El primero, acotado al mandato, el segundo a los límites intrínsecos de la libertad y los principios de un ejercicio de un comunicador profesional.

No es extraño que a un gobernante, a un político, un líder social, le incomode e incluso moleste que lo observen críticamente; tampoco lo es cuando es asesorado para salir a la calle con “el traje nuevo del emperador” (Hans Christian Andersen, 1805-1875). Callar las voces o evadir las críticas no cambia la realidad. Llamar a no leer periódicos, a no escuchar noticiarios, es autoengañarse.

¿Por qué los medios de comunicación publican muchas “cosas malas” y no se fijan más en lo bueno? Aunque la publicación de una de ellas no excluye la otra, lo “normal” y esperado, pues para eso están, es que se haga bien aquello para lo que fueron mandatados; lo “anormal” es lo contrario. En la medida que lo “anormal” deje de ser noticia, entrará en el campo de lo “normal”.

¿Es normal que una casa tenga más de dos chapas para entrar, además de cancel y portones de seguridad, cámaras de vigilancia, rejas en puertas y ventanas, vallas electrificadas, bardas como muros fronterizos? ¿No es eso una sistema propio de prisión? Pero lo hemos hecho tan “normal” por la inseguridad, que incluso le damos carácter de estatus social.

El problema no es llamar a evitar la lectura de periódicos, como revivió Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco” (ver: http://bit.ly/2lnWHSR sino negar y anular el periodismo. Si de confianza se trata, no perdamos de vista en qué lugar están unos y otros, en medio de una caída general (ver: http://bit.ly/2ldqAEp

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