A propósito de la representación de las mujeres en los medios

A propósito de la representación de las mujeres en los medios

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Por Frida V. Rodelo

En Netflix se encuentran sorpresas cuando se busca bien. Hace días tropecé con un curioso título dentro del segmento de documentales, Miss Representation (Estados Unidos, 2011), que suena igual que el vocablo inglés misrepresentation (“tergiversación”).

El tema del documental, dirigido por Jennifer Siebel Newsom, es la manera en que las mujeres son representadas en los mensajes difundidos por los medios de comunicación, específicamente en Estados Unidos. Tres son los problemas con tales representaciones dirigidas a las masas: objetificación, desigualdad o inequidad y los estereotipos.

La objetificación de las mujeres en los mensajes se refiere a la situación en que las mujeres son representadas meramente como objetos o instrumentos para cumplir un propósito; por ejemplo, dentro de los mensajes se resaltan las cualidades estéticas de sus cuerpos pero no sus cualidades intelectuales.

La desigualdad de género en los mensajes sucede cuando hay menos noticias sobre mujeres, menos personajes mujeres o diferencias en el tratamiento según el género de los sujetos.

Los estereotipos sobre los roles de las mujeres y los hombres dentro de los mensajes incluyen el presentar a los hombres como agresivos, aventureros, inteligentes; el presentar a las mujeres como sumisas, emocionales, chismosas.

Tales representaciones resultan perniciosas para las audiencias porque refuerzan las diferencias de género existentes dentro de la sociedad y obstruyen los cambios culturales que necesitamos para que hombres y mujeres disfrutemos de una verdadera igualdad de derechos y oportunidades.

Estos tipos de mensajes podrían afectar especialmente a niños y adolescentes, pues en estas edades las audiencias son más susceptibles de, por ejemplo, aceptar los estándares exagerados de belleza que los medios proponen para las mujeres, o de ver reforzada la noción de que es más natural para un niño aspirar a ser senador que para una niña.

(Sobre este último comentario, una paradoja curiosa es que la nación donde se inventó la democracia moderna presenta rezagos en varios indicadores de participación política de las mujeres. Únicamente 17 % de miembros de su Senado son mujeres –en México el porcentaje es de 34.4 %).

De acuerdo con el documental de Newsom, estas maneras de representar a las mujeres se han hecho cada vez más comunes en el cine y la televisión estadounidenses debido a la tendencia desregulatoria dentro del sector de las telecomunicaciones del mismo país.

Desde la década de 1980, dice Newsom, han ido diluyéndose en Estados Unidos las disposiciones legales que obligan a los concesionarios de licencias de uso del espectro electromagnético a actuar en el interés del público.

Tal es la causa, como bien se muestra en el footage del documental, de la presente situación de todos contra todos en la industria del entretenimiento estadounidense; es decir, una situación en la que corporativos únicamente ambicionan ganancias económicas sin que importen ni la calidad de los contenidos televisivos ni el caer en los niveles más bajos de vulgaridad y denigración (tanto para los trabajadores de medios como para los grupos sociales representados en los mensajes).

Los problemas planteados se parecen mucho a lo que vivimos (o, más bien, sufrimos) cotidianamente en México. Ver y mostrar Miss Representation puede ser una buena opción para animar una sana discusión acerca de la relación entre medios de comunicación y género.

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