Cine y condición del espectro autista

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Por Israel Tonatiuh Lay Arellano

Publicado originalmente en el número de marzo de 2016 de la revista Cine Toma.

El próximo 2 de abril se celebra el día mundial de concienciación sobre el autismo, condición que ha sido mayormente difundida en los medios electrónicos de comunicación, desde hace algunos años, aunque no se profundizado en sus características sino sólo en las que se muestran a través del cine, los programas de televisión y los noticiarios, pero en este sentido ¿Cuál es la importancia del tratamiento de este tema en el cine? La respuesta tiene que ver con el concepto y con el imaginario que se construye alrededor de las personas con esta condición. En este contexto, es pertinente hablar de ello tanto desde sus aspectos clínicos y sociológicos y su representación en la cinematografía, ya que la información emitida, la distorsión o la exageración pueden crear ambientes de prejuicios o de sensibilización, según sea el caso, lo que finalmente impacta en la inclusión de esta minoría.

El autismo ha ido cambiando como categoría diagnóstica a lo largo de los años y en las discusiones de profesionistas de la salud, sobre todo psiquiatras. Esta condición fue descrita en 1943 por el austriaco Leo Kanner, y en la primera y segunda edición del  Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA), mejor conocido como DSM, era considerada como un síntoma de la esquizofrenia. Quizás por esta razón la primer película, o al menos la que así pudimos rastrear en Internet, Run Wilde, run free de Richard Sarafian (EU, 1969) trata sobre los problemas que genera a su familia un supuesto niño autista de 10 años.

No fue sino hasta la tercera edición del DSM, en 1980, que se comenzó a hablar del autismo infantil. Poco antes de alcanzar la definición de esta nueva categoría, se produjo para su transmisión en televisión la película Son-rise: a miracle of love (Son-rise: un milagro de amor) de Glenn Jordan (EU, 1979), cuyo trama gira alrededor de la historia del matrimonio Kaufman, quienes al no encontrar la atención adecuada para su pequeño hijo autista, deciden explorar un método basado en sus propias experimentaciones, creando así lo que hoy se le conoce precisamente con el nombre de Técnica Son-Rise. La película presenta aciertos como el mostrar las terapias de la época de tipo conductista bajo una rígida postura clínica y los primeros indicios de considerar al autismo como una condición y no como una enfermedad.

En 1980 se produce la película Mater amatísima de José Antonio Salgot (España, 1980), que cuenta la historia de una madre que se va aislando del mundo para dedicarse a su hija autista. La investigación en este campo y la propia cinematografía en la temática avanzaban más rápido que el desarrollo de las categorías diagnósticas al interior de la APA y de la propia discusión clínica. A principio de los ochenta Lorna Wing, difundió los estudios de Hans Asperger, otro austriaco que en 1944 había publicado una definición de autismo, creando así el término de síndrome de Asperger en 1981. Así mismo, ella acuñó el concepto de Espectro Autista y el de la Triada de Wing, que se refiere a las dimensiones afectadas en las personas con autismo (la interacción social, la comunicación verbal o no verbal y la ausencia del pensamiento simbólico o imaginativo).

En el cine se produjo la película Mario de Jean Beaudin (Canadá, 1984), cuya historia gira alrededor de dos hermanos, uno con autismo, y su convivencia con otra niña. The boy who could fly (Más allá de la realidad), de Nick Castle (EU, 1986), introduce a un niño con autismo en la historia de una madre y sus dos hijos que acaba de llegar a un vecindario. La trama se desarrolla en medio de los problemas de los niños ante la reciente pérdida de su padre y la creciente relación con el niño autista quien a través de su fascinación les enseña un mundo distinto.

En 1987 se publicó el DSM-III-R, donde se amplió la categoría a trastorno autista, y un año más tarde se produciría la película Rain Man de Barry Levinson (EU, 1988), la que quizás fue la que más difundió la imagen de una persona con autismo, así mismo la que fortaleció uno de los mayores mitos de la condición: una alta capacidad intelectual. Cabría subrayar que para esta película Dustin Hoffman fue asesorado por Ruth Sullivan, fundadora de la Sociedad Americana de Autismo, y por su hijo Joseph, quien tiene esta condición y en quien se basa parte del personaje de Raymond, el cual terminó de construirse con otras figuras como Kim Peek, Bill Sackter y Mark Rimland.

En 1994 se publicó la cuarta versión del DSM, incluyendo en esta edición la categoría de Síndrome de Asperger dentro del Trastorno del Espectro Autista. Entre el DSM-III-R y el DSM-IV, Hollywood produjo tres películas con la temática: la ya mencionada Rain Man (1988), House of cards (El secreto de Sally) de Michael Lessac (EU, 1993), y David’s mother (Un cariño muy especial) de Robert Allan Ackerman (EU, 1994), cuyas tramas se unifican no sólo en mostrar al mundo el desenvolvimiento de una persona con autismo, sino como su condición puede mostrarnos diferentes formas de ver la vida.

En los siguientes seis años se producirían cinco películas con temática sobre el autismo, aunque las líneas argumentales comenzarían a cambiar. Esto es, ya no sólo serían tramas dramáticas sobre la visión de las familias y los aspectos de atención o protección, sino que la acción y la ficción también se hicieron presentes. En 1995 se estrenó la película Under the piano (Un cielo sin lágrimas) de Stefan Scaini (Canadá), y en 1997 Cube (El cubo) de Vicenzo Natali (Canadá), cuyo argumento fue el primero en romper con el estilo dramático mencionado. Este film que combina ciencia ficción con terror también fue el primero en introducir a una persona con autismo como un personaje más en la trama.

En 1998 se estrenó la película de acción Mercury rising (Misión seguridad máxima) de Harold Becker (EU), interpretada por Bruce Willis quien interpreta a un policía que debe resolver el asesinato de los padres de un niño con autismo, descubriendo que éste tiene la habilidad de descifrar el más sofisticado código de espionaje y seguridad nacional de los Estados Unidos. En esta película se muestra otra de las características que si bien no es un mito, sí se ha magnificado: una alteración en la percepción del peligro, que obviamente pone en situaciones de riesgo a muchas de estas personas.

En el resto de la vigencia del DSM-IV se estrenaron Molly de John Duigan (EU, 1999), que cuenta la historia de una mujer autista que queda bajo tutela de su hermano, quien es un ejecutivo neurótico; y Bless the child (la hija de la luz) de Chuck Russell (EU, 2000), película de terror que sigue la moda de los filmes de finales del milenio, donde hay una lucha entre el bien y el mal y un nuevo redentor (redentora en este caso) nace. En la historia, a la protagonista se le atribuye un leve autismo, aunque en realidad se trata de una característica propia por ser la salvadora del mundo.

En el año 2000 se publicó la versión IV-TR del DSM, donde se incluyeron las cinco categorías de los Trastornos Generalizados del Desarrollo: Autismo, Síndrome de Asperger, Síndrome de Rett, Trastorno desintegrativo de la infancia y Trastorno generalizado del desarrollo no específico. En el cine, a partir de este año se da un boom en la producción de películas con la temática. Las más conocidas, más de 20, son las siguientes:

En la primera mitad de la década se produjeron: ZigZag, de David S. Goyer (EU, 2002), Radio, de Mike Tollin (EU, 2003), Miracle Run (Un viaje inesperado) de Gregg Champion (EU-Canadá, 2004), Marathon de Yoon-Chul Chung (Corea del Sur, 2005), Mozart and the whale (Locos de amor) de Peter Naess (EU, 2005), Fielder’s choice (La decisión de Philip) de Kevin Connor (EU, 2005), y San zimske noci (Sueño de una noche de invierno) de Goran Paskaljevic (Serbia-España, 2005).

En la segunda mitad de la década continuaron: Snow cake (Amor en la nieve) de Marc Evans (Gran Bretaña-Canadá, 2006), After Thomas de Simon Shore (Reino Unido, 2006), Ben X de Nick Balthazar (Bélgica, 2007), el documental Elle s’appelle Sabine (Su nombre es Sabine) de Sandrine Bonnaire (Francia, 2007), The black balloon de Elisa Down (Australia, 2008), Chocolate de Prachya Pinkaew (Tailandia, 2008), The horse boy de Michael Orion Scott (Inglaterra-EU, 2009), Adam de Max Mayer (EU, 2009), Superbrother de Birger Larsen (Dinamarca, 2009), la película de animación Mary and Max de Adam Elliot (Australia 2009), el documental Dad’s in heaven with Nixon de Tom Murray (2010), My name is Khan (Mi nombre es Khan) de Karan Johar (India-EU, 2010), el documental María y yo de Félix Fernández de Castro (España, 2010), Temple Grandin de Mick Jackson (EU, 2010), y Haiyang tiantang (Ocean Heaven) de Xiao Lu Xue (China, 2010).

Entre 2011 y 2013 algunas de las películas que se estrenaron fueron: el cortometraje Kaylien de Zoe Saldaña (EU, 2011), Extremely loud and incredibly close (tan fuerte, tan cerca) de Stephen Daldry (EU, 2011), El pozo de Rodolfo Carnevale (Argentina, 2012), Barfi! de Anurag Basu (India, 2012), The story of Luke de Alonso Mayo (EU, 2012), Daglicht (Daylight) de Diederik Van Rooijen (Holanda, 2013).

En 2013 se publica el DSM-V, que acota el Trastorno del Espectro Autista y elimina la categoría de síndrome de Asperger integrando sus características al continuum del espectro, lo que causa gran polémica mundial. Quizás por primera vez las voces de los especialistas, terapeutas y profesionistas alrededor de esta condición protestan y desconocen la nueva categorización, al grado que algunos países latinoamericanos amenazaron con no aceptar la traducción del manual y retomar la décima versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), que en estricto sentido, aunque personalmente también tenemos nuestra crítica, es el manual de definiciones que debe regir en la sistema de salud nacional, por ser el que tiene el aval de la Organización Mundial de Salud (OMS). En esta prevalece el autismo y el Asperger como categorías diferenciadas.

En el ámbito fílmico, en 2014 se estrenó el documental Planeta Asperger de María Barroso y Ricardo de Gracia (España), y en 2015 X + Y (A Brilliant Young Mind) de Morgan Matthews (Reino Unido), película que aunque está clasificada en algunas bases de datos dentro de la temática sobre el autismo, no se menciona explícitamente la condición. En este mismo sentido cabría subrayar que en diversos sitios aparecen varios títulos más, algunos tan famosos como What’s eating Gilbert Grape de Lasse Hallström (EU, 1993), Nell de Michael Apted (EU, 1994), o I am Sam (Soy Sam) de Jessie Nelson (EU, 2001), sin embargo, estas cintas tratan sobre discapacidad intelectual u otras discapacidades y no necesariamente autismo o Asperger.

Finalmente, podermos afirmar que el cine ha contribuido en gran medida a la construcción de la idea coloquial de lo que es el autismo o las personas autistas. Es verdad que desde hace un par de años las series televisivas, los medios electrónicos de comunicación y hasta algunos académicos, han hecho lo propio para aumentar los mitos y prejuicios, sin embargo, detrás de ello se encuentra una minoría cultural, que en algunas estadísticas se ubica con una prevalencia de uno por cada 88 nacimientos, y otra cantidad importante de personas (padres, hermanos, hijos, familiares, profesionales, profesores, etc.) que luchan día a día para contrarrestar las oleadas de información errónea, pues al final lo valioso para todos como sociedad es una inclusión que nos lleve a una vida más armonioso y tenga un final, como en la mayoría de las películas aquí citadas, adecuada para todos.

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