Los medios mexicanos, la otra institución en crisis

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Por Miguel Cedeño

Qué decepción leer a buena parte de la “prensa” mexicana. Como siempre, sería peligroso reducir y decir que son todos, pero lo que sí podemos decir es que la mayoría de ellos no hacen otra cosa que reproducir sin el mínimo cuestionamiento las declaraciones oficiales. Si estamos de suerte, harán algún “análisis”, que de alguna u otra manera terminan sin acercarse a la profundidad y complejidad de lo que estamos viviendo en el país. Pareciera que son ciegos, o que ven otro país.

Sé que es complicado pedirle a los medios de comunicación que logren entender lo que está pasando, pero lo mínimo que se esperaría sería un acercamiento a lo que se vive, y se dice. Tal vez no son conscientes que lo que los “periodistas”, opinólogos, y directores de “medios públicos” —que no son otra cosa que medios gubernamentales y oficialistas— enuncian crean representaciones sociales de lo que nos rodea; se crea una concepción de lo que sucede.

La violencia

Cuidado con alguien realice una expresión violenta, porque será entonces considerado como alguien que atente contra la democracia, a las instituciones, y que busque desestabilizar un “proyecto de nación”. ¿Alguien se ha parado —por un minuto— a tratar de entender qué condiciones se generaron para que esa violencia existiera?

Johan Galtung creó una definición que resignificaba el concepto de “violencia”, antes sólo asociado a la ausencia de guerra; hay violencia cuando “los seres humanos están influenciados de tal forma que sus realizaciones afectivas, somáticas y mentales, están por debajo de sus realizaciones potenciales” (Galtung en Jares, 1999, página 98). Siguiendo con la caracterización, el investigador noruego acuñó en la teoría de la violencia el Tríangulo de la violencia, conformada por tres tipos de violencia:

  • Violencia directa. “Violencia manifiesta, es el aspecto más evidente de esta. Su manifestación puede ser por lo general física, verbal o psicológica” (Calderón Concha, 2009, página 75).
  • Violencia estructural. “Violencia intrínseca a los sistemas sociales, políticos y económicos mismos que gobiernan las sociedades, los estados y el mundo. Su relación con la violencia directa es proporcional a la parte del iceberg que se encuentra sumergida en el agua” (Calderón Concha, 2009, página 75).
  • Violencia cultural. “Aquellos aspectos de la cultura, en el ámbito simbólico de nuestra experiencia (materializado en la religión e ideología, lengua y arte, ciencias empíricas y ciencias formales – lógica, matemáticas – símbolos: cruces, medallas, medias lunas, banderas, himnos, desfiles militares, etc.), que puede utilizarse para justificar o legitimar la violencia directa o estructural” (Galtung en Calderón Concha, 2009, página 75).

Dicho esto, la violencia es un fenómeno mucho más complejo que afirmaciones reduccionistas que atribuyen la violencia física a razones superficiales. La gente no es tonta, y entiende que la crisis de este país no es culpa sólo del narcotráfico —como han intentado hacer creer—, sino que sumando la injusticia y desigualdad que durante décadas —de manera constante y estructural— ha imperado en México han creado un país donde las personas —en los términos de Galtung— se encuentran limitadas como seres humanos. De ahí se desprenden un sinnúmero de problemas que vivimos y que podríamos tardar en enunciar. La violencia directa es sólo la expresión visible de la violencia estructural y cultural a la que esta sociedad ha sido sometida desde hace décadas.

“La violencia genera más violencia”

Mientras escribo estas líneas, personas realizan acciones violentas; hay movilización policiaca; seguramente detendrán a varias personas —algunas de ellas, inocentes que les tocó ser chivos expiatorios. Dentro de unos minutos o unas horas, los grandes medios —en su miopía, en su sensacionalismo, en su alineación al discurso oficial digno de cualquier dictadura— resaltarán ese hecho, con poco o nulo análisis. Si hacen lo contrario, entonces díganme que me he equivocado. Así, con el paso del tiempo no les sorprenda que las expresiones de violencia directa se hagan cada vez más grandes; que haya terrorismo y guerrillas, o cualquier otra forma de violencia que tal vez nisiquiera conocemos; los medios de comunicación y el Estado serán los culpables porque no logran entender que detrás de las marchas que al final del día no son bien representadas —e incluso las pintas y las expresiones “violentas”— están unas ansias locas por ser escuchados; un grito desesperado por una informidad que ya no se puede callar. Tal vez en ese momento, cuando el actual sistema político, económico y cultural se derrumbe, y esos medios y ese Estado hayan caído, entederán que esas voces que intentaron callar, ahora rugen y los han dejado sordos.

Referencias

Calderón Concha, P. (2009). Teoría de conflictos de Johan Galtung. Revista Paz y Conflictos. Granada: Editorial Universidad de Granada. Núm. 2. 60-81.

Jares, X. R. (1999). Educación para la paz: su teoría y su práctica. Madrid: Popular.

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