¿Podrá Blim hacerle sombra a Netflix?

¿Podrá Blim hacerle sombra a Netflix?

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Por Bernardo Masini

Publicado originalmente el 17 de marzo de 2016 en el blog del Centro de Investigación y Formación Social.

A finales de febrero Televisa anunció con bombo y platillo el lanzamiento de una plataforma de contenidos “a la carta” que por sus características parece una especie de versión tropicalizada de Netflix. La comunidad internauta reaccionó de inmediato: desde ese mismo día fluyeron los memes y las bromas en las redes sociales sobre las expectativas que generó ese producto llamado Blim. De manera demasiado simplista mucha gente espetó que si no nos gustar ver al Chavo del Ocho o a Rosa Salvaje gratis, con menor razón pagaríamos 109 pesos mensuales por ello.

El asunto es más complejo, y se explica un poco mejor si entendemos la aparición de Blim en el marco de un proceso abierto e inminente en la industria mexicana de las telecomunicaciones: la instalación de la multimencionada red compartida. Desde el primer semestre del año pasado ya somos más los mexicanos con acceso a internet que aquellos que no cuentan con esta herramienta. Pero persisten muchas lagunas en términos de la frecuencia de su consumo. En primer lugar todavía hay que acercar el internet a alrededor de cincuenta millones de personas; y además falta que tanto ellos como quienes ya lo utilizan lo hagan de manera regular. Solo 61% de los usuarios accede a la red todos los días según datos publicados por la organización WeAreSocial en enero de 2016. Ello permite concluir que en términos redondos solo la tercera parte de la población del país utiliza internet cotidianamente. Por eso la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), junto con el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), administran la licitación de una red complementaria de la infraestructura ya existente. Como su nombre lo dice será “compartida” por el Estado mexicano y un proveedor privado que deberá ganar un concurso en abril. Si todo fluye conforme a lo planeado, dentro de dos años esa red proveerá de señal 4G a al menos treinta millones de personas más.

Televisa está al tanto de ese proceso, y en la medida de sus posibilidades ha adaptado su modelo de negocios a esa nueva realidad. Contra lo que la mayoría de la gente cree, su principal fuente de ingresos dejó de ser la televisión abierta desde hace unos años. El consorcio de Emilio Azcárraga acapara alrededor del 72% del mercado nacional de la televisión restringida (y no fue declarado actor preponderante por el IFT). Junto a ello, continúa diversificando sus servicios en línea. Blim no se limitará a telenovelas y temporadas del Chapulín Colorado: presentará en exclusiva series inteligentes, elaboradas con talento mexicano y extranjero. En pocas palabras, los espacios para la aparición de nuevos tipos de contenidos que algunos hemos reclamado durante años van a llegar paulatinamente. No todos dependerán de Televisa ni de su plataforma Blim, pero algo propositivo tendrá que colarse también por ahí. Esos nuevos contenidos compartirán espacio con películas mexicanas y extranjeras, algunas de las cuales a la fecha no están disponibles en Netflix (v. gr. las de la época de oro del cine mexicano).

Más allá de los derroteros por donde fluya este momento histórico, y de la calidad de lo que se vierta en esos nuevos espacios (demos por hecho que habrá bastante paja junto a las pepitas de oro); los signos de los tiempos son muy claros. En el próximo lustro ocurrirá con los medios audiovisuales algo como lo que ocurrió hace diez años con la telefonía celular, que un buen día rebasó a la telefonía fija. Ello dejará fuera de la jugada solamente a quienes no sean capaces de mutar. Nos guste o no, Televisa está mostrando capacidad de reacción. La televisión abierta no va a desaparecer, pero su mercado se volverá pequeño, circunscrito. Televisa seguirá participando en él, incluso si un buen día no lo domina. Pero su apuesta fuerte ya está en el mundo de las telecomunicaciones, donde es proveedor de servicios… y también lo será de contenidos.

Blim aparece en 2016 para disputar un mercado que ya cuenta con cinco millones de clientes en México. De ellos, tres millones son suscriptores de Netflix. Las estimaciones de los especialistas calculan que ese universo se va a duplicar en tan solo dos años. En 2018 se habrán incorporado personas de todas las clases sociales y de todas las edades, con lo que se diluirán los prejuicios sobre que estos consumos son propios de jóvenes de clase media y alta. En tal escenario habrá demanda para lo viejo y para lo nuevo; para las telenovelas clásicas y para las series anglosajonas de moda. Los proveedores ya están listos para ofrecer. Los ciudadanos –que no solo consumidores –, ¿estamos listos para exigir?

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