De redes sociales e información

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Columna “Apuntes”, del diario Público Milenio Por Rubén Alonso (miembro de Amedi Jalisco)   El pasado 1 de febrero tuvimos una experiencia similar por lo que toca a flujos de información ya vista en otros momentos, pero en otras latitudes  con la importancia y trascendencia que juegan las redes sociales. Twitter y Facebook desbordaron y llenaron un vacío de información que se registró en al menos dos horas a causa de hechos simultáneos. La percepción que se creó potencializó el temor (que se alimenta de ignorancia, entendida como ausencia de información), y en algunos casos propició rasgos de psicosis en grupos. Pero pasados estos eventos, es conveniente no perder de vista, al menos algunos elementos. Las redes sociales potencializan los flujos de información y procesos comunicacionales, los cuales dependen de personas que los generan y alimentan. No tienen vida propia, pero sí reciben vida a través de sus actores. Las redes sociales, como Twitter y Facebook, son más emotivas e impulsivas que racionales. Sirven, pero no para todo; no dejan de ser medios de flujos informativos y comunicacionales. La confiabilidad y veracidad (no verosimilitud) de la información que fluye en las redes no le es característico, pues esas dos cualidades de la información dependen de personas profesionales en la información. La información en bruto no posee veracidad y confiabilidad. Se diría periodísticamente, que para ello es necesario identificar la fuente de información, corroborar y contrastar. Y es en ello donde el papel de un profesional cobra importancia fundamental. Recordemos el caso del terremoto en Chile en febrero de 2010. Las redes se activaron para informar no sólo de lo que sucedía en el país, sino para alertar sobre las condiciones en que se encontraba vialidades y para establecer certezas sobre la localización, ubicación y situación de personas. Que iniciativas individuales fueron muy activas, sí, pero las redes que se impusieron para dar certeza sobre la información fueron las de los medios de comunicación e instituciones públicas (como la Cruz Roja), en donde el filtro de todo lo que fluía le impregnaba de confiabilidad y veracidad. La experiencia del 1 de febrero, sin duda, propiciará que instituciones públicas y privadas se integren y usen las redes sociales para garantizar información confiable y veraz. Detrás de una red, no olvidemos, hay quien o quienes la alimentan; y ante ella, también.

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