Distingue tempora et concordabis iura

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Por Rubén Alonso

Publicado originalmente el 01 de Abril en Mural.

El axioma jurídico “distingue tempora et concordabis iura (distingue los tiempos y concordarás leyes), o bien, en su expresión más amplia “distingue tempora, distingue loca et optime concordabis iura” (distingue los tiempos, distingue los lugares y concordarás óptimamente -magníficamente- las leyes), nos remite a la aplicación de la hermenéutica en la interpretación y aplicación de normas; sin embargo, como principio hermenéutico ayuda a la hermenéutica histórico-social, sociocultural, poniendo al lector y al intérprete en diversos planos de lectura e interpretación.

Lo anterior lo pongo a cuento ahora que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, en compañía de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, han puesto sobre la agenda pública nacional e internacional un proceso de reconciliación entre México y España, así como con la Iglesia católica (Vaticano), para subsanar las atrocidades realizadas en el proceso de la llamada “conquista”, con su punto álgido del 13 de agosto de 1521 (la caída de Tenochtitlán), que en 2021 cumplirá 500 años.

Con vistas al 12 de octubre de 1992, en hispanoamérica principalmente, tangencialmente en Portugal y Brasil (otro campo de encuentro-conquista); no así en Estados Unidos e Inglaterra, que tuvieron procesos diferentes, mucho menos en otros países de Europa, con ocasión de los 500 años del llamado “Descubrimiento de América”, luego interpretado como “Encuentro de dos mundos”, se abrió un amplio y prolongado debate de ese evento que reconfiguró a Europa (incluso Asia) y los pueblos originarios de América, principalmente los identificados como latinos (expansión y globalización cultural, económico-comercial, religiosa).

Al parecer no aprendimos, y negamos un pasado reciente por un ayer más lejano al que sobrecargamos de pureza; mancillado y transformado por y con el “xenos”, el extranjero. México, mestizo, que mira más a su pasado que construir futuro. México, que, al parecer se revictimiza. México que ya no es el de hace 500 años; que en ese entonces fue víctima del “xenos”, aunque también victimario de sus vecinos que se vengaron aliándose con el extranjero.

México, en 2018, le apostó a la esperanza, y ésta apunta al futuro, no al pasado. Vivir haciendo “arqueología política” inmoviliza.

O acaso tenemos delante de todas y todos la sentencia que Dante, en la Divina Comedia pone en las puertas del infierno: “O vos, qui intratis, omni spe auferte”: “Oh vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza” (Infierno, Canto III, sentencia 9). Ahí, donde está la gente que “ha perdido el bien de la inteligencia”. El infierno puede ser un presente continuo encadenado al pasado fallido, tormentoso.

@jrubenalonsog

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