Fifís sin agua

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Por Jorge Narro

Publicado originalmente el 17 de Junio en Mural.

En 2015 la Comisión Estatal del Agua (CEA) publicó una “Ficha Técnica Hidrológica del Municipio de Tlajomulco de Zúñiga”. En ella se determina que un acuífero es “cualquier formación geológica o conjunto de formaciones geológicas hidráulicamente conectadas entre sí, por las que circulan o se almacenan aguas del subsuelo que pueden ser extraídas para su explotación, uso o aprovechamiento y cuyos límites (…) se definen en la Ley de Aguas Nacionales”.

“Dentro de los límites del Estado de Jalisco -sigue diciendo el documento- se identifican (…) 59 acuíferos y de acuerdo con la última publicación del (Diario Oficial de la Federación) del 20 de abril de 2015, de estos 59, 26 están sobreexplotados (…)”.

El Municipio de Tlajomulco de Zúñiga se encuentra sobre los acuíferos de San Isidro, Toluquilla y Cajititlán. El primero ocupa 37 por ciento de la demarcación, el segundo 33.8 por ciento y Cajititlán 28.8. El agua extraída se usa sobre todo para fines agrícolas (47 por ciento), de servicios (27.6) y públicos urbanos (18.7).

En el acuífero Toluquilla el estudio de la CEA afirmaba ¡hace cuatro años!: “no existe volumen disponible para nuevas concesiones”.

Tres años después (13 de agosto de 2018) MURAL publicó un reportaje titulado “Ni para lavar las manos”. Se refería justamente al acuífero de Toluquilla. Cito: “De (este acuífero) se sustraen al año 119.7 millones de metros cúbicos de agua concesionados, se descargan naturalmente 2.4 millones y tiene una recarga por infiltración de apenas 49.1 millones, según la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Así, el déficit es de 73 millones de metros cúbicos. Para revertirlo se requeriría lo equivalente a inyectar al subsuelo 7 millones 309 mil 583 pipas al año, o bien, una pipa cada cuatro segundos”.

¿Y? ¿Cuál ha sido la respuesta de las autoridades? Permitir más fraccionamientos y centros comerciales.

Otra nota de MURAL (14 enero 2018) lo documenta: “(…) a partir de 2000, el desarrollo urbano se intensificó; tan sólo ese año el Ayuntamiento (de Tlajomulco) otorgó 25 permisos de construcción para fraccionar hasta 6 mil 435 lotes. Pero es la Administración del emecista Ismael del Toro (2012-2015) la que encabeza el registro, con 159 licencias concedidas -el 24.9 por ciento de las existentes. En segundo lugar, está el priista Guillermo Sánchez Magaña (2001-2003), con 128 desarrollos autorizados, y (en tercero) el panista Andrés Zermeño (2004-2006), con 108 (…)”.

Un año después (el pasado 8 de febrero), el periódico volvió a tocar la llaga: “(A pesar de que) los acuíferos están sobreexplotados y (de que) la Ley de Aguas Nacionales limita el otorgamiento de nuevas concesiones de agua subterránea, se siguen dando permisos y la construcción de vivienda no se detiene. (…) desde el año 2000 el Municipio autorizó 568 desarrollos habitacionales con unos 308 mil 269 lotes para vivienda que se sumaron a los 22 mil 648 ya existentes, según reporte obtenido vía transparencia”.

El director de Obras Públicas de Tlajomulco, Jorge González, “confirmó que el Municipio sigue otorgando licencias de construcción, pues los desarrolladores presentan los derechos de concesión de agua de la Conagua”.

Autoridades municipales que no se muestran enérgicas (o tienen intereses ocultos), el desaparecido Tribunal de lo Administrativo del Estado que nunca veló por el interés público, autoridades federales que violan sus propias normas (¿por algún interés?), fraccionadores voraces cuyo único interés es llenarse los bolsillos de dinero… “Interés” es el nombre del juego…

Por lo pronto el problema ya no sólo afecta -como siempre- a los pobres. Nosotros, los fifís (la palabreja -que se remonta al porfiriato- me parece graciosa), sabíamos de los “tandeos” sólo por la prensa: “Hoy y por varios días no habrá agua en…”. Y seguía una larguísima lista de colonias populares… Nosotros, los fifís, veíamos los toros desde la barrera. Ya no… En El Palomar (Tlajomulco, acuífero de Toluquilla), estuvimos casi dos meses con tandeos. Por desperfectos en los pozos, por el estiaje, pero, sobre todo, por la sobreexplotación del acuífero.

¿Ahora que la sed se cierne sobre los habitantes y jardines de los fraccionamientos de alta plusvalía, se hará algo? Porque a los pobres, que con frecuencia no tienen agua “ni para lavar las manos”, siempre se les ha ignorado (excepto cuando hay elecciones…).

jorgen@iteso.mx

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