‘Necesito decirle a mi madre qué pasó con su hijo’

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Por Jorge Narro

Publicado originalmente el 22 de abril en Mural.

En México hay 40 mil 180 personas desaparecidas. ¿Cuántas de ellas están en los servicios médicos forenses y en las morgues? Porque, según una nota de El País (8 febrero 2019) hay “26 mil cuerpos (sin identificar), aparecidos en mil 100 fosas clandestinas”.

¿Y en Jalisco? De acuerdo con el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo (Cepad) entre 2008 y septiembre de 2018 se registraron 6 mil 850 personas no localizadas. Sólo durante este último año, desaparecieron 2 mil 452.

El pasado día 4, el Cepad hizo público su Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en Jalisco 2018 (https://cepad.org.mx). Se trata del decimotercer ejercicio de este tipo que realiza la organización de promoción y defensa de los Derechos Humanos fundada en 2006.

Uno de los 10 artículos que integran el Informe trata, precisamente, de la desaparición. Escrito por Aarón Medina de Niz -hermano de la víctima- lleva como título “La desaparición forzada de Miguel Ángel: Fue la Marina”.

Miguel Ángel nació el 16 de septiembre de 1981, en San Miguel, Municipio de Villa Purificación, Jalisco. Séptimo de 11 hermanos, emigró muy joven a los Estados Unidos y, con los años, obtuvo la nacionalidad de aquel país. Residía en Atlanta, en donde era propietario de un supermercado. Con las ganancias obtenidas adquirió un rancho en su pueblo natal, en el que criaba ganado. El hecho de tener negocios en ambos lados de la frontera, le obligaba a venir hasta tres veces al año a México. Era soltero y padre de dos niñas.

“Miguel Ángel (…) cumplía todo tipo de obligaciones frente a las autoridades en todo momento. Por (eso) no entendemos las causas por las cuales hoy no está con nosotros ni sepamos donde está. No podemos creer que alguien haya tenido el corazón y el valor de arrancarlo de su familia, y de que a pesar de que ya transcurrió un año, las autoridades no nos digan qué le sucedió (…). Nuestra vida era tranquila y agradable, hasta ese horrible día que marcó nuestra existencia y se tornó todo en una angustia y tristeza que nos está secando el alma día con día. Para nosotros no hay días de fiesta, no hay Navidad, no hay Año Nuevo, no hay fiesta de cumpleaños (…)”.

El 8 de febrero de 2018, Miguel Ángel y Aarón se separaron después de haber asistido, junto con algunos amigos, al carnaval de Autlán. Al llegar Aarón a su casa no encontró a Miguel Ángel. Pasado el resto de la noche, y el día y la noche siguientes, y luego de infructuosas búsquedas e intentos de comunicarse con él a través del celular, Aarón denunció la desaparición de su hermano en las oficinas de la Fiscalía General del Estado en Autlán, en la delegación de la Fiscalía General de la República (FGR), en Guadalajara, (la denuncia se turnó después a la Fiscalía Especializada en Desaparición Forzada en la Ciudad de México) y en la Comisión de Derechos Humanos del Estado (CEDHJ).

“Sé que igual que yo, hay miles de familias que lloran la pérdida de un ser querido, pero eso no es consuelo para mí (…), necesitamos una solución inmediata”, escribe Aarón. Y añade: “(…) antes de que todo esto pasara, el día 4 de diciembre del 2016, elementos de la Secretaría de Marina Armada de México, entraron a la casa de mi hermano (sin una orden y cuando éste no se encontraba) y (robaron todas sus pertenencias). Mi hermano al día siguiente (…) y al haber testigos que observaron este suceso, presentó una queja en la oficina regional de la CEDHJ. De igual manera solicitó la apertura de (una) carpeta (que) se remitió a la FGR en Puerto Vallarta”.

“Mi madre cada mañana me escribe (…) o me llama y me pregunta si hay noticias de su hijo que tanto extraña y necesita, después la escucho llorar y en ese momento se me derrumba el mundo otra vez (…)”. El artículo de Aarón termina: “Yo no me voy a cansar de buscar a mi hermano (…), y lo seguiré buscando hasta encontrarlo. Necesito decirle a mi madre qué pasó con su hijo”.

jorgen@iteso.mx

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